Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Taracena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Taracena. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de abril de 2023

Mario Aguirre Rosas

Periodista con pasión


Dr. Héctor Darío Aguirre Arvizu
17-04-02
23-04-02
 
      Nota: En razón de que Google y Facebook consideran que las publicaciones realizadas antes del 2020, nos vemos en la necesidad de publicar de nuevo todas las entradas de semblanzas, biografías y comentarios relevantes de antes de ese año, y lo haremos a la fecha correspondiente.
 
#Efemérides #ElPersonajeDelDía #UnDíaComoHoy 2 de abril de 2007 fallece Mario Aguirre Rosas, periodista y redactor de El Universal, ganador del Premio Nacional de Periodismo 1979. Escribió varios libros, algunos con su esposa, de trascendencia política y cultural.
Mario Aguirre Rosas en la vieja redacción de El Universal.
Su nombre completo era José Mario Lázaro Aguirre Rosas, pero por la incomodidad de usar tantos siempre se llamó así mismo sólo como Mario. Realizó sus estudios primarios en la escuela Nicolás Bravo en Coscomatepec, Veracruz, donde había nacido el 17 de diciembre de 1933. Fue el segundo hijo de un matrimonio pobre, diríamos ahora disfuncional, en el que el padre se gastaba los dineros que la esposa generaba cosiendo vestidos para prostitutas de Córdoba y los “invertía” en la baraja. De hecho dejaron a su hijo de meses encargado con la abuela de la familia paterna, Doña Virginia, mujer imponente, en el pueblo.
Cuando contaba con siete años conoció realmente a su mamá que había llegado en El Huatusquito, el ferrocarril eficiente que debió conectar Córdoba con Huatusco, pasando por varios pueblos llegando a Coscomatepec.
Cursó la secundaria un año en Huatusco y otro en Veracruz, sin concluirla por tener problemas con los parientes que lo albergaban en dicha ciudad. En Huatusco, para poder estudiar, ejerció como maestro de deportes.
Credencial de secundaria en Veracruz.
Siendo joven de 17 años ya tenía una buena colección de libros y era asiduo lector de la biblioteca de su tío, Darío, y cualquier libro que se le pusiera en el camino. Mario Aguirre presumía que el después famoso historiador Enrique Florescano Mayet leía de su biblioteca cuando era joven. Ambos eran de Coscomatepec.
Enrique Florescano Mayet, historiador.
Su sueño dorado era ser reportero de El Universal, el gran diario de México. Abandonando la secundaria vino a la ciudad de México sin éxito por lo que tuvo que regresar a su pueblo. En su segundo intento ya se pudo asentar trabajando como empleado de una fábrica de televisores, de donde lo corrieron cuando lo "cacharon" leyendo libros.
Trabajó un tiempo en Editorial Aguilar vendiendo libros, donde pudo hacerse de buena colección de ellos a sabiendas, querido lector, que esa editorial siempre ha publicado literatura de calidad.
Ingresó a la escuela de periodismo Carlos Septién García, en 1959, abandonándola un tiempo después y volviendo a continuar sus estudios al año siguiente aunque sólo estuvo año y medio más. Nunca fue afecto a concluir dichos estudios y prefirió autoeducarse leyendo todo tipo de literatura.
En eso que trabajaba y estudiaba, con un conjunto de compañeros escolares, publicó una corta edición de 5 números de la revista mensual Panoramas en 1960. En aquel entonces Juan Manuel Martín fungió como director, Mario Aguirre como jefe de redacción, Imelda Arvizu (con quien Mario Aguirre se casaría algunos años después) como jefe de información,  y como colaboradores Arturo Álvarez del Castillo, Sara Ruiz Chaire, Guadalupe Pedroza, Anita González, Antonio Aspiros, y algunos otros estudiantes de la escuela Carlos Septién García, además  del profesor Calos Alvear.
De izquierda a derecha: Mario Aguirre, Imelda Arvizu, Juan Manuel Martí, Esperanza (compañera de trabajo de Time Life), Guadalupe Pedroza, Luis Alberto Orosa, Anita González, Salvador Flores Llamas, Elsa Rodríguez (en brazos Nazaret Estrada), Salvador Estrada (futuro "Rrrrrreportero de 24 horas", como él mismo se anunciaba). Hincado a la izquierda Arturo Álvarez del Castillo, a la derecha Silvino N.
Un tiempo fue empleado del Registro Federal de Electores, en las oficinas ubicadas por Tepito, para después, en 1960, entrar a Time Life en el almacén, y después llegar a manejar un tiempo la distribuidora de Orizaba y otro la de Acapulco.
Laborando en el Registro Federal de Electores.
En 1962 ingresó a La Nación, el órgano oficial de difusión del Partido Acción Nacional (PAN), dirigido entonces por Gerardo Medina, maestro de la Septién y quien llegó a ser Diputado por el PAN. En ese entonces el jerarca de este partido era Adolfo Cristieb Ibarrola.
En 1965 ingresó como suplente a El Universal para sufrir durante un año sin recibir una sola suplencia por que el personaje que las daba ni siquiera se había fijado en su presencia hasta que en una urgencia, donde solamente Mario Aguirre se encontraba, le tocó la suerte de cubrir una, con el grato resultado de que la nota estaba bien redactada, debido a su constante lectura y a haber realizado escritos que no le publicaban. A partir de entonces fue que continuaron dándole suplencias, no sin que aquél personaje recibiera su tajada de dinero por distribuirlas. Mario Aguirre recibió su planta o base hasta 1972.
Con su esposa Imelda Arvizu Flores y sus dos hijos en 1965.
Anotamos que la suplencia es la realización de cualquier actividad de reportero, redactor o corrector de estilo supliendo a los titulares que por alguna razón no hubieran acudido a su trabajo. Ha de saber amable lector que en el medio periodístico de aquellos años se acostumbraba departir en “La Mundial”, cantina famosa por ese entonces, y espacios similares, y no era extraño que un trabajador de los medios de información (como antes se les llamaba), no llegara ni a su casa ni a la oficina a cubrir sus labores.
Allí en El Universal, “el gran diario de México”, Mario Aguirre realizó labores de reportero de diversas fuentes, de redactor, de corrector de estilo y llegó a ser Jefe de información suplente. No le dieron el puesto definitivo de Jefe de información debido a que, por relaciones de poder, ingresó en ese entonces a trabajar a la empresa Guillermo Ochoa, quien llegaría a ser incluso conductor de un programa de televisión.
En 1968 cubrió en varias ocasiones el movimiento estudiantil. El día de los trágicos acontecimientos, el 2 de octubre, la situación estuvo muy tensa para los reporteros. No podrían acceder a la zona de Tlatelolco. Mario Aguirre y un fotógrafo pudieron hacer un rondín por varias delegaciones de policía donde constataron visualmente la presencia de múltiples cadáveres de estudiantes y otras personas, tirados en el piso. Al realizar un segundo rondín, unas horas después, los cadáveres ya no estaban, habían sido llevados en camiones de la basura conducidos por el ejército. Los rollos de película que traían consigo fueron decomisados.
Recibiendo información del Comité de Huelga Estudiantil de 1968 en las instalaciones de El Universal.
Al mismo tiempo trabajó en El Universal Gráfico, periódico vespertino de la misma casa editora.
Con el entonces novel presidente de El Universal Francisco Ealy Ortiz, 1969.
En 1973 viajó a Chile y entrevistó a Salvador Allende algunos meses antes de que este presidente fuera asesinado por Pinochet.
Entrevistando a Enrique Borja, famoso jugador de futbol de los años 70s
En 1974 Mario Aguirre entrevistó a un anticuario y comprador de arte prehispánico, el señor José López Pérez, quien hacía varios años había recibido de unos indígenas unos bultos, mismos que resultaron ser las Memorias de Gonzalo de Guerrero, uno de los españoles sobrevivientes del carguero Santa Lucía, que había viajado en 1511 desde El Darien (lugar entre Panamá y Colombia) hacia La Española, pero que fue arrastrado por un huracán hasta las costas del ahora estado de Quintana Roo, y quien se casó con la hija (Izpilotzama) de un cacique local, ya que ella se enamoró como en cuento de hadas, y que junto con Jerónimo de Aguilar lograra salvar el pellejo de ser sacrificados a Kukulcán. Gonzalo de Guerrero (con el “de” que así aparece en dicho manuscrito) se negó a regresar con los españoles, cosa que sí hizo Jerónimo de Aguilar, cuando Hernán Cortés se enteró de su presencia y mandó rescatarlos. Dichas Memorias estaban escritas una parte en piel de venado y otras en papel del siglo XVI que le fue entregado a Guerrero por Hernán Cortés.
Como resultado de aquella entrevista y el acceso a los manuscritos originales y su paleografía, Mario Aguirre realizó un reportaje de varios capítulos que fue publicado en el periódico El Universal llamado De Conquistador a Colonizador en 1974, sobre los manuscritos nunca avalados por el INAH (pero tampoco refutados oficialmente) del explorador español. Como nota curiosa anotamos que en la Hemeroteca Nacional, en la UNAM, algún investigador impertinente ha recortado los ejemplares de ese periódico desde hace años de modo que ya no es posible encontrar todos los artículos originalmente publicados. Al año siguiente fue publicado el conjunto de artículos en un libro con el título Gonzalo de Guerrero, padre del mestizaje iberomexicano, bajo el sello de Editorial JUS, a insistencia del historiador y periodista Don Alfonso Taracena, quien prologa la obra.
Gonzalo de Guerrero, padre del mestizaje iberoamericano,
hecho libro
Contaba Mario Aguirre que se venían las fechas del destape presidencial en 1976, durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez y requerían en la redacción de El Universal Gráfico saber quien sería el “destapado”, el favorecido por el presidente para ser “candidato a la presidencia” del siguiente sexenio, así que él hizo uso de ciertos contactos en las oficinas de información de la presidencia y de gobernación y logró obtener el nombre del ungido con lo que se puso a redactar la noticia de que José López Portillo sería “el futuro”, presentándose la noticia más oportuna de ese año en El Universal Gráfico acompañada de una fotografía del candidato sonriente que había sido tomada meses atrás en algún evento político. Esta noticia tan oportuna, que le ganó completamente a todos los periódicos y noticieros, no le fue premiada nunca a la noticia más oportuna como se acostumbraba.
En el festejo por los 60 años de El Universal, 1976

Algunas veces pisó la cárcel, pero no como preso, sino como reportero. Aquí en 1978 aproximadamente.
Entrevista colectiva a Emilio Mújica Montoya, entonces Secretario de Comunicaciones.
En 1978, deambulando a eso de las cuatro de la madrugada de un domingo por las calles del centro de la ciudad de México, seguro después de salir de alguna cantina, buscó “veintes” en sus bolsillos y llamó a la redacción de El Universal y casi gritando dijo las palabras mágicas: ¡Paren las prensas! Tengo una noticia importante: ¡se quema la tienda Astor! El redactor de guardia tomó las acciones adecuadas, recibió la nota y paró las prensas. A las 5 de la mañana ya estaba circulando la nueva versión del periódico con la noticia más oportuna ese año, misma que ganó a todos los periódicos e incluso a Televisa, la cual tendría noticiero hasta el lunes a las 7:30 am, daría la noticia leyendo El Universal. Gracias a esta noticia Mario Aguirre ganó en 1979 el Premio Nacional de Periodismo a la noticia más oportuna del año y que en ese entonces seleccionaba el Club de Periodistas de México y entregaba el presidente de la República, en su caso José López Portillo.
Diploma del Premio Nacional de Periodismo 1979
El centenario que acompañaba al diploma desapareció en alguna crisis
Durante la recepción del premio, 1979.
A mediados de los setentas viajó con el equipo de Ealy Ortiz, presidente del periódico, a Chicago para la adquisición de los nuevos equipos Harris con los que sería modernizado el periódico, sustituyendo a El Constituyente, la máquina de impresión donde en 1917 habían sido impresos los ejemplares de la Constitución de ese año. Véase: Harris.
De viaje por Chicago para comprar las máquinas Harris.
En su “casa de trabajo” permaneció 16 años (hasta 1981) hasta que al dueño de la empresa, Juan Francisco Ealy Ortiz, decidió correr a toda la plantilla de experiencia que venía trabajando desde los años cincuentas y sesentas por supuestamente requerir de “noveles reporteros”.
Una caricatura en su labor periodística.
En 1981 Mario Aguirre fue contratado por Armando Castilla para elaborar un libro con información que su casa editorial, diario Vanguardia de Saltillo, había colectado sobre los manejos bastante irregulares que realizaba el gobierno de Óscar Flores Tapia. En esa ciudad permaneció ocho meses colaborando con el periódico y realizando su labor de investigación periodística. El producto fue el libro El caso Flores Tapia, enriquecimiento inexplicable, publicado en 1982. Esta fue la primera ocasión en que se usó el término "enriquecimiento inexplicable" para referirse a un funcionario público que de la noche a la mañana adquiría riquezas al por mayor sin poder haberlo hecho de su salario como trabajador público.
Periódico La Vanguardia, de Saltillo.
Durante esa estancia logró entrevistar al gobernador Flores Tapia en relación a la situación tensa que se vivía en el país debido a que en el centro, la ciudad de México, ya se conocía ampliamente el caso de corrupción en el que estaba involucrado. Al entrar Mario Aguirre a entrevistar al gobernador en su casa sobre la posible orden del presidente López Portillo para su destitución, fue recibido por hombres armados, lo cual no le intimidó y se acercó al gobernador preguntándole sobre su opinión de lo que daría a conocer el presidente en breve tiempo a lo que Flores Tapia contestó: ¡Qué ellos decidan!, ante la insistencia del reportero el gobernador repitió su respuesta. Con la misma el reportero hizo una nota periodística publicada en el periódico Vanguardia que se volvió famosa en los medios de estudio periodístico por la calidad que había logrado con únicamente una frase de declaración.
Óscar Flores Tapia, gobernador de Coahuila.
Laboró algunos años en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el área de Comunicación Social.
Mario Aguirre Rosas a sus cuarenta.
Después de esta aventura trabajó en periódicos de menor categoría como Cine Mundial (que ya no era lo que había sido en sus inicios), El Periódico de México (de efímera vivencia) y Nuestro País (de Pancho Jordá, uno de sus pocos amigos que lo apoyó durante años).

Sus trabajos publicados:

1959. Esos pasos que ves. Cuento ganador de concurso. Editorial Novaro.

1960. Panoramas. Revista mensual de la cuál se publicaron 5 números. Financiado por los propios estudiantes.
Portada del número 1 de Panoramas.
   1975. Gonzalo de Guerrero, padre del mestizaje iberomexicano. Editorial Jus.
Portada de Gonzalo de Guerrero, padre del mestizaje iberomexicano.
   1979. Cruces de costa Grande. Edición personal. Cuentos crueles del estado de Guerrero, donde se muestra la violencia consuetudinaria que se reflejaba en ese entonces.
Portada de Cruces de Costa Grande
  1976. Huitzilopochtli se refugió en el norte. Edición personal (en realidad investigado y escrito por su esposa, Imelda Arvizu Flores, mi madre, pero que se acreditó a la hora de publicar y registrar).
Huizilopochtli se refugió en el Norte
1982. El caso Flores Tapia, enriquecimiento inexplicable. Editorial Grijalbo. Fungiendo Mario Aguirre como investigador y redactor en tanto que Armando Castilla proporcionó su amplia hemeroteca en tanto dueño del periódico Vanguardia de Saltillo y dio todo el apoyo económico para poder dedicar 8 meses a la labor de escribirlo.
El Caso Flores Tapia
2000. La lucha azul contra la perennidad del PRI. Editorial Comunicación Gráfica Integral. Un intento de protesta velada escrito junto con Luis García Orosa, creyente ferviente y sincero de que el PAN podría gobernar correctamente el país.
La lucha azul...
También publicó durante algunos años una revista llamada Parlamento, Periodismo con Pasión… sí con mucha pasión pero sin financiamiento real, en la cuál ponía todo su dinero (38 números).


D. R. 2017 Darío Aguirre
D. r. 2023 Darío Aguirre
 
 


viernes, 30 de junio de 2017

José Vasconcelos

El Hombre de América



Dr. Héctor Darío Aguirre Arvizu
17-06-30

#Semblanza, #Efemérides, #EfeméridesMexicanas, #UnDíaComoHoy, 30 de junio de 1959, muere en la ciudad de México, el ilustre abogado, maestro, historiador, escritor y político don José Vasconcelos. Imprimió una definida y nacionalista etapa cultural a su paso por la Secretaría de Educación Pública durante el gobierno del general Álvaro Obregón.
José Vasconcelos nació el 27 de febrero de 1882 en Oaxaca, Oax., (México).
José Vasconcelos.
Fue el segundo de los nueve hijos de Ignacio Vasconcelos Varela, funcionario del Resguardo Aduanal Mexicano, y de su esposa Carmen Calderón Conde, hija de un senador porfirista.
Cuando contaba con seis años de edad, su familia se radicó en Piedras Negras. Para inicios de 1895 se trasladaron a Toluca, donde estudió en el Instituto Científico y Literario. Al año siguiente fueron a vivir a Campeche, donde José Vasconcelos cursó estudios en el Instituto de Ciencias y Artes, graduándose en 1898. A finales de 1906 se casó en Tlaxcala con Serafina Miranda.
En la Escuela Nacional de Jurisprudencia, obtuvo el título de licenciado en derecho en 1907.
Fue discípulo de Justo Sierra, y formó parte del Ateneo de la Juventud, que en torno a 1910 se enfrentó al positivismo como corriente filosófico–científica y al dictador Porfirio Díaz, impulsando una corriente crítica y de renovación ideológica y política.
En su Estética, expone su teoría sobre la evolución del universo y la reestructuración de su sustancia cósmica, en los órdenes físico, biológico y humano.
Adusto.
Estuvo comprometido con el movimiento revolucionario apoyando a Francisco I. Madero en el Partido Antireeleccionista y más tarde a los presidentes Venustiano Carranza y Álvaro Obregón. Al parecer, Vasconcelos fue quien redactó el lema maderista: "Sufragio efectivo no reelección".
Ejerció como rector de la Universidad Nacional, a la que convirtió en institución revolucionaria.
En 1921 fue nombrado por Álvaro Obregón, Secretario de Educación Pública y durante tres años, hasta su enfrentamiento con él y su posterior exilio en Estados Unidos, llevó a cabo 'una verdadera cruzada nacional' en favor de la educación popular. Hizo todo lo posible para impulsar la educación indígena, la rural, la técnica y la urbana; entre sus obras creó redes de bibliotecas, misiones culturales, escuelas normales y Casas de Pueblo, que convirtió en centros educativos básicos. Apoyó la obra de los primeros muralistas y construyó el Estadio Nacional como lugar de espectáculos populares.
En 1925 publicó La raza cósmica, obra en la que se expone algunas de sus reflexiones sobre el indigenismo.
En 1929 regresó a su país como líder de un movimiento político apoyado por las masas que se enfrentaban al callismo dominante. Al fallar su intento de obtener la presidencia regresó a su retiro personal.
A finales de enero de 1931 se reúne en París con su amante Antonieta Rivas Mercado Castellanos (hija del arquitecto que construyó la Columna de la Independencia). El 10 de febrero la Antonieta se suicidó en la Catedral de Notre Dame con la pistola que Vasconcelos siempre llevaba consigo.
En 1933 Vasconcelos se trasladó a Argentina, y en 1935 a los Estados Unidos. Regresó a México el 21 de septiembre de 1938 estableciéndose en Hermosillo.
Frase de José Vasconcelos
Esperanza Cruz fue su segunda esposa. Se casaron en diciembre de 1943.
En su obra filosófica se reivindica la intuición emotiva, opuesta a toda forma de intelectualismo y a la que sitúa en la base de su sistema metafísico (Tratado de metafísica, 1929). Entre sus obras destacan: Ulises Criollo (1935), La tormenta (1936), El desastre (1938), y Breve historia de México (1937).
Por sus trascendentes cátedras universitarias, discursos y ensayos, se le denominó "El Maestro de América". Él fue el autor del lema de la Universidad Nacional de México: "Por mi raza hablará el espíritu".
José Vasconcelos falleció el 30 de junio de 1959 en Ciudad de México.


Aquí una infografía que es encuentra en internet sobre José Vasconcelos.
Infografía
A continuación reproducimos la entrevista que el periodista Víctor Alba publicara en su libro Mexicanos para la historia, 12 figuras contemporáneas, y que hiciera al historiador Alfonso Taracena en torno a la persona de José Vasconcelos.

JOSÉ VASCONCELOS 
Parece mentira cómo los recuerdos, cuando han arraigado profundamente, surgen a la superficie de la memoria, al ser llamados por la insistencia de un reportero, tan ordenados y coherentes que parece que se refieran a hechos de ayer mismo. Escuchando al periodista Alfonso Taracena hablar de José Vasconcelos, uno no puede por menos de hacerse esa reflexión banal.
Taracena, recostado en el sillón, se incorpora, de vez en cuando, movido por el resorte de la memoria. Cuando relata algo que le llegó a hurgar en las pasiones, no puede contener sus gestos. A veces, en cambio, baja la voz, y su relato se parece a una confesión.
Taracena –con el cabello castaño claro que comienza a clarear– no tiene necesidad, desgraciadamente de cerrar los ojos para evocar las imágenes de lo que cuenta. Está muy enfermo de la vista y en vísperas de que le operen los ojos. Esto le da un nerviosismo contenido, una especie de vagabundeo de la palabra –y a quién no, en su circunstancia?– que hace de su relato algo espontáneo, en cuyas frases no se atreve el reporteo a meter la pluma. He aquí, pues, el texto integro del largo monólogo de Taracena, tal como lo tomó el lápiz del reportero.
–Me satisface que el licenciado Vasconcelos se fijara en mí para hablar de él, porque esto indica que comprende que puedo hacerlo con serenidad, sin fanatismo y sin la inquina maligna de sus malquerientes, que no han logrado, con todo, disminuir en lo mínimo su grandeza. Digo que sin fanatismos, por que por ahí afirman que en un tiempo nos enemistaron en tal forma que resulté víctima de las injustas violencias, naturales en una fuerza arrebatadora de la naturaleza como es Vasconcelos.
La Raza Cósmica, portada.
»Sucedió que yo serví a Vasconcelos cuando él se encontraba en el destierro, acosado por los elementos oficiales y condenado hasta por sus más acérrimos partidarios. El doctor Guisa y Acevedo llegó a decir que serví a Vasconcelos ‘en forma única en el mundo’. En la época del general Calles, fui a dar dos veces a la cárcel por ayudarlo a él. En esos días mataban a los vasconcelistas, como León Ibarra y González Villa, que es paz descansen. Los estrangulaban por cientos y hubo algunos que hasta sus fosas tuvieron que cavar.
»Me detuvieron, una de las veces, y me condujeron a presencia del subjefe de la policía –no recuerdo su nombre–. Le dije que marcharía con él. El subjefe me dejó libre, al ver que la cárcel no me haría cambiar.
»Fue después cuando surgió el malentendido entre Vasconcelos y yo. Lo cuento, porque refleja muy bien el carácter del maestro. Fuimos a Nueva York cuando se encontraba exiliado. Vivimos en el mismo hotel, en el mismo cuarto, muchos días. Me vino la idea de hacer algo parecido a lo que Perú de la Coix hizo con Bolívar en su Diario de Bucaramanga: recoger, día a día, las conversaciones, comentarios y hasta chistes de Vasconcelos. Pero los intereses personales de algunos temieron su impacto en la opinión pública y prácticamente lo secuestraron e hicieron destruir. Viajando con Vasconcelos, se titulaba. Yo, tan sólo conservo un ejemplar.
»Pinté a Vasconcelos tal como es, con sus propias palabras. Al verlo, se rió. Pero los críticos y algunos amigos del maestro, le dijeron que lo que allí se publicaba era peligroso para ellos. Me desmintió. Y yo lo desmentí publicando cartas firmadas por él en las que hablaba de gentes y cosas en los mismos términos que yo le hacía hablar, en el libro. Creo que eso le hice un gran bien. Un día, un redactor de Hoy fue a entrevistar al maestro y éste le dijo, entre muchas cosas: ‘Con Taracena tuve una riña vulgar, pero nunca he dejado de reconocer su lealtad, etc.’.
»Una prueba de ello es que un líder político expresó que yo estaba haciendo un positivo beneficio a Vasconcelos, pues daba a conocer actitudes de éste de un elevado patriotismo.
»No nos volvimos a ver. Hasta después que, de vuelta a la Patria, Vasconcelos fue a Tabasco. El gobernador, Noé de la Flor Casanova, lo llevó a una fiesta. Luego lo llevó a casa de un viejecito y éste le preguntó por su hijo. –¿Quién es su hijo? –inquirió Vasconcelos–, Y al saber que era yo, lo abrazó y habló ante todo el pueblo poniéndonos por las nubes. Poco después, nos reconciliamos al encontrarnos en un banquete de intelectuales… Había por lo menos trescientos… diz que intelectuales, pues no sé de dónde van a salir tantos, en México…
»Conocí a Vasconcelos en 1914, cuando yo acababa de llegar a la capital, a estudiar. Triunfaba la Revolución. El general Eulalio Gutiérrez tenía el mejor gabinete que se haca ofrecido jamás al país: Valentín Gama, Martín Luis Guzmán, Vasconcelos. Un grupo de estudiantes fuimos a ver al maestro, para que nos ayudara a sacar una revista de preparatorianos. Íbamos Gómez Morín, Lucio Mendieta y Núñez, Arturo Martínez Adame, yo… Vasconcelos nos dio su aportación: 20 pesos. Por cierto, que la revista no se publicó, porque en esa época entraban y salían los zapatistas y todo era un relajo bonito. Alguien se clavó los 20 pesos…
Breve historia de México, portada
»Recuerdo, que al ser electo Director de la Preparatoria el maestro Antonio Caso, Vasconcelos asistió a su toma de posesión. En su discurso, el maestro Caso recitó una frase de aquél que se me gravó y de la cual él ni siquiera se acuerda… A ver, era así ‘El éxito es fugaz y mediocre; aparece con el instante, muere con él…’
»Viéndolo, primero en su despacho oficial, después en esta ceremonia ruidosa, me sorprendió y atrajo su aspecto atormentado. La gente le ha reprochado, luego, que estuviera con Villa. Yo lo comprendo. Vasconcelos era maderista, fue su consejero político. Cuando asesinaron a Madero, se fue con el grupo de maderistas y no con Carranza, que era el gran enemigo de Madero. Se fue con el grupo del doctor Silva, de Díaz Lombardo, dirigido por Felipe Ángeles. Y este grupo dejó a un lado a Villa para sostener a Eulalio Gutiérrez, que representaba la legalidad. Vasconcelos fue quien redactó el manifiesto desligándose de Villa, de Zapata y de Carranza.
»Luego vino el primer exilio a Estados Unidos. Cuando regresó, desde luego, fui a verlo. El maestro era, entonces, rector de la Universidad. A mis ojos –que a la razón veían bien– seguía siendo un atormentado.
»Al lanzarse candidato a la Presidencia, era yo corresponsal de una serie de periódicos foráneos, y eso me permitió hacerle mucha propaganda indirecta, decir la verdad de las masas que lo seguían, que acudían a sus actos. Recuerdo un discurso suyo, en Xochimilco, del cual tampoco debe acordarse: ‘Si venzo –dijo–, le daré 24 horas a mister Morrow para que haga sus maletas y salga del país’, Mister Morrow, que luego fue suegro del aviador Lindberg, era el embajador de Estados Unidos en México.
»Nuestra amistad se hizo, así, más íntima. Yo le decía que ponía a su órdenes 80,000 hombres en armas, refiriéndome a la frase de Napoleón según la cual un diario vale tanto como los soldados.
»Fue cuando se fue, que lo empezaron a calumniar. Decían que huyó, que abandonó a sus partidarios. No es cierto. Estuvo en Guaymas, intentó alzarse, escribió un manifiesto al país que se llamó el Plan de Guaymas. Pero nadie respondió. Como le decía un viejo maderista: ‘Ya la gente valiente se murió, licenciado’.
»Me quedó en México, conspirando y defendiendo al maestro a través de los diarios, en lo que se podía. Por esta época, el callismo –el régimen más abominable que ha tenido México– mataba a los vasconcelistas con ganas y corrí mucho peligro. Nos faltaba dinero y nos sobraban espías del gobierno, que sabían todos nuestros pasos. Vasconcelos decía que necesitaban sólo 50 hombres armados para que él entrara por la frontera y triunfara. Pero no pudimos juntar ni cinco…
»Ya en el exilio, viviendo en California. Calles hizo gestiones para reconciliarse con Vasconcelos. Tuvieron entrevistas y, después que Calles dió cincuenta explicaciones, llegaron a ponerse de acuerdo. Cuando al maestro se le terminó el plazo para su residencia en Estados Unidos, Calles, que era muy amigo del gobernador de California, le consiguió arreglar la situación.
»Pero vino a la Presidencia el general Ávila Camacho. Vasconcelos regresó. En Hermosillo el general y el licenciado se saludaron. ‘Ya sé que usted no es amigo mío –le dijo el general–, pero yo sí soy amigo de usted’. Ávila Camacho  no olvidaba el antimilitarismo esencial de Vasconcelos.
»Desde España, durante su exilio de trotamundos, Vasconcelos me escribió diciéndome que acaba de terminar un libro –era Ulises criollo– y que mirara si podían publicarlo en el folletón de la revista Omega. Me indicó que pidiera que le dieran siquiera ocho pesos a la semana, por ello, pues se encontraba muy «bruja», Ofrecí el libro a los diarios de provincia, y conseguí enviarle ochenta dólares a la semana en vez de los ocho pesos con  que habría salido del paso.
»Ese Ulises Criollo fue uno de los tres únicos libros que han tenido, en México, un auténtico éxito de público. Los otros dos fueron La Sucesión Presidencial, de Madero y El Verdadero Juárez, de Bulnes. Si el libro salió como es, como todos lo conocen, imaginen lo que habría sido de no mostrarse Vasconcelos, tan… digamos temperamental cuando trabaja…
»Porque trabaja en el mayor desorden. Necesita secretario, y lo vuelve loco. Escribe a máquina, de cualquier manera. Nunca corrige, odia la meticulosa labor de releer sus escritos y ponerle comas, acentos, y sobre todo, se horroriza al ver cómo quedan desfiguradas las palabras, a veces inidentificables, cuando él las ha escrito a máquina. Traspone las letras de una manera espantosa. Corre por ahí un libro de la Universidad, una Historia de la Filosofía, que escribió sin secretario y se mandó a la imprenta sin corregir. A pesar de la buena voluntad de los linotipistas, como esos no conocen los nombres de filósofos ni el léxico de la filosofía resultó un revoltijo tipográfico.
»No tiene archivo alguno. Ni siquiera conserva la colección de sus artículos. ‘No guardo papeles’, dice el maestro. Se fía de su memoria y hay que reconocer que no lo traiciona jamás.
Ulises criollo, portada
»No es un hombre rencoroso, pese a que su estilo podía hacer creer lo contrario. Se enoja con mucha facilidad, pero es un fuego de virutas. Con igual facilidad, perdona. La única excepción es… bueno, mejor no citar su nombre… la única persona a la cual, que yo sepa, no ha perdonado jamán, es un individuo al cual califica de traidor.
»No ha perdido sus ansias de viajar, pero ahora, su hija y sus nietos lo detienen en México con más fuerza que antaño su arrebatada pasión política.
»Hace poco, fue a Buenos Aires a un Congreso de Filosofía. Perón le ofreció lo que deseara para que se quedara en Argentina. No quiso.
»Traiga a su familia –le decía–, –No, contestaba, mis nietos son mexicanos y no debo desarraigarlos de su patria.
»Tal vez en este último viaje a lo largo de Sudamérica es cuando nos hemos podido dar cuenta de que Vasconcelos es realmente el Hombre de América. En todas partes, espontáneamente, la gente que se encontraba en los aviones o en los aeropuertos, lo saludaba en masa, lo rodeaba de atenciones, lo aplaudía si eran en número suficiente para encender una ovación. Todo era poco para él, en cuanto se enteraban que iban con Vasconcelos. La mayor parte de las veces, se enteraban con sólo verlo, porque su imagen corre por todos los periódicos del continente y se queda grabada en las memorias.
»Cuando se viaja –y ahora sólo sale a Ixtapan de la Sal y a San José Purúa, para estar solo y trabajar–, no sabe vivir lejos de los libros. Por esto, sospecho, es por lo que ha aceptado ser director de la Biblioteca México. Cuando está cansado de leer o escribir, se pone la cabeza entre las manos, apoya los codos en la mesa, y se pasa así horas enteras, meditando, fantaseando… descansando, dice él.
»Vasconcelos no es rico, no lo ha sido nunca. Pero le gusta vivir bien. Sus libros le dan para vivir modestamente. ¿Cómo consigue llevar una existencia holgada? Muy sencillo. Todo su secreto estriba en un lema que parece de manual escolar: laboriosidad y economía. Trabajar, trabajar y trabajar, y gastar lo necesario, pero no más…
»Claro que lo necesario, en el caso del maestro comprende una buena mesa, pues es un gourmet fino, y le encanta la cocina española y los vinos españoles son su gran afición. Por eso afirma que los peores tiranos de la humanidad son los médicos.
»Tanto como su talento, admito su honradez. En tiempos de Obregón, manejaba más de sesenta millones de pesos anuales.. de pesos de los de entonces. Al dejar la Secretaría de Educación, no era raro que  me lo encontrara viajando en camión o tranvía. ¿Hay muchos hombres de gobierno de los que sus amigos conserven una imagen tan sencilla, tan humilde? La humildad de veras, era él, consiste en esos detalles, y no en lo que muchos políticos llaman así y que no es otra cosa que sumisión  acomodaticia.
»Sus malquerientes le reprochan que, habiendo enseñado tanto a odiar las tiranías, ahora defienda a Franco, a Perón, a los que derrocaron a Rómulo Gallegos, por ejemplo. La respuesta podrían encontrarla en el recuerdo de las mismas lecciones del maestro y es muy sencilla: Vasconcelos reacciona así porque, ante todo, es cristiano, y por ello está con los países que defienden el cristianismo contra la Internacional del Odio.
»No comprenden su actitud porque no quieren comprenderla. Los últimos que sí lo entienden son los comunistas, quienes, deseando ningunearlo, afirman por ahí que Vasconcelos está acabado. El mejor mentís a eso lo ha dado en un artículo reciente, escrito al salir de sus última enfermedad.
»Ese artículo me emocionó, me hizo levantar de la cama y correr a verlo. Se titulaba La Primera Llamada. La primera llamada de la muerte… Me acompañó, en esta visita, un muchacho aficionado a la pintura. Vasconcelos, convaleciente apenas, le habló de arte, le pidió que le enseñara sus cuadros. El chico le regaló uno, días después. No es una obra maestra.  No puede parangonarse, claro está, con otros cuadros que Vasconcelos tiene en su casa. Pero el respeto por el afán del muchacho, por su ambición artística, el espíritu de maestro de Vasconcelos lo impulsaron, sin premeditación, sin querer hacer ningún gesto, a colgar este cuadro de aprendiz al lado de los maestros del pincel. Y ni Vasconcelos sabe lo mucho que esto, tan sencillo, ha estimulado a mi amigo, el incipiente artista.
»Ahora, Vasconcelos no puede llevar la misma vida de tantos años. No puede levantarse temprano. Aunque, la verdad es que siempre le gustó muchísimo dormir y para justificar este gusto decía que las mujeres norteamericanas se conservan tan frescas porque duermen mucho.
»Tanto le encantaban las sábanas que en una ocasión había en el vecindario de donde vivía el maestro, dos perros ladradores… De esos que parecen divos entre los perros. Los manto matar, secretamente. No podía soportar que sus ladridos lo despertaran.
»Poco antes, en mi artículo había escrito que desconfiaba de los que aman a los animales. Se lo reproché, recordándole mi afición a ellos. Le pregunté: ‘¿Y usted no desconfía de los que mandan matar perros, porque estos ladran’?
»El maestro , en uno de sus arrebatos sarcásticos, contestó: ‘Claro, yo soy un hombre abominable.’»
Taracena se ríe, casi sin despegar los labios. Y el reportero recuerda que, al hablar con Vasconcelos para pedirle que le diera el nombre de un discípulo que pudiera hablar sobre él, recibió esta respuesta:
–No tengo discípulos. Sólo tengo amigos, pero muy buenos.
Y han leído ustedes, ahora, lo que uno de ellos opina de Vasconcelos.

Imágenes tomadas de:
(1) 
(2)

Con  información de:
(1) Biografías
(2) Alba, B. (1952). José Vasconcelos. Entrevista a Alfonso Taracena. En: Mexicanos para la historia, 12 figuras contemporáneas. México.

D. R. 2017 Darío Aguirre